Esta es mi historia

y así nació Waiwaiā

 

Me llamo Cristina Pastor, actualmente tengo 30 años. Nací en Madrid, una gran ciudad, pero siempre sentí una conexión muy grande con la naturaleza y el mundo rural. Me crié con mis abuelos y si, puedo decir con orgullo que soy Madrileña con pueblo.

En el pueblo de niña fue donde yo realmente jugaba a aprender sobre el mundo que me rodeaba y a sabere cómo funcionaba la vida de verdad, en su más pura esencia: cómo se comportaban los animales, cómo trabajaba la gente, por qué tanto animales como personas hacían cosas distintas en las diferentes épocas del año… Observaba la naturaleza y sus recursos.

Durante ésta época es donde empezó mi relación con los jabones naturales, ya que mi abuela me enseñó cómo reciclaba el aceite usado junto con agua y sosa para convertirlo en jabón de limpieza (yo era una mera espectadora que observaba sin pestañear a una distancia prudente). Ella siempre reciclaba hasta la última gota de aceite.

Fuí creciendo y dada mi pasión por el mundo de la biología, la naturaleza, la salud y el querer encontrarle el por qué a todo me hice técnico superior de laboratorio de diagnóstico clínico y biomedico. Trabajé unos años en este oficio tan bonito que me apasiona y me seguirá apasionando siempre. En él conocí otro mundo: aprendí qué sucedía en el cuerpo de las personas, cómo se comportaba un mundo microscópico totalmente distinto al mundo que conocemos, cómo funcionan “las enfermedades”, descubrí la conexión que hay en nuestro propio cuerpo entre las células que lo componen, cómo todo el organismo se ve alterado cuando una zona está afectada.

Entendí que nuestro mundo funciona como ese otro mundo microscópico. Este planeta no es más que un organismo muy grande y nosotros somos sus células. Todo lo que habita en él va a condicionar su correcto funcionamiento.

Viví un año en Nueva Zelanda, donde se acentuó mi admiración por la naturaleza y todos los seres vivos que la comprenden. Me encantó ver cómo la gente allí quiere y respeta su entorno, cómo educan a los niños en el colegio desde pequeñitos y les enseñan a cuidar el suelo que pisan y todo lo que les rodea. Allí los productos ecológicos ya estaban más que integrados en la mayoría de tiendas y establecimientos, y no como un pequeño apartado en una esquina de una estantería, sino que era lo que buena parte de la población consumía.

A mi vuelta a España me empecé a interesar más sobre consumir productos ecológicos pero aún no estaban muy integrados en el mercado. Siempre tuve un problema de dermatitis atópica pero por aquella época los brotes se estaban intensificando. Buscaba cosmética natural y me encontraba con muchas mentiras y fraudes. Cosméticos que aseguraban ser naturales y no lo eran, productos ecológicos que contenían algún ingrediente ecológico y bastantes ingredientes sintéticos… encontraba pocas marcas que se adaptaran a lo que yo quería.

Por casualidad empecé a hacer mi propia cosmética natural con productos ecológicos y descubrí un hobby estupendo: disfrutaba haciendo mi cosmética y sabía exactamente qué me estaba poniendo en la piel. La desventaja: muuucha prueba y error. Para adaptar los cosméticos a mi tipo de piel, pelo, necesidades… invertía mucho tiempo y gastaba mucho dinero en ingredientes. Eso sí, aprendí varias cosas sobre formulación e INCIs.

Me propuse volver a buscar marcas de calidad, transparentes y honestas, empresas que buscan hacer las cosas bien, de una manera sostenible. Pequeños productores que sacrifican mucho para ser éticas y darnos el mejor producto del mercado y que, bajo mi punto de vista, merecen todo el apoyo y el agradecimiento que podamos darles.

Las encontré. Ese trabajo de crear productos específicos de una pureza ecológica muy alta que estaba haciendo yo ya lo estaban haciendo otras pequeñas empresas que llevaban años apostando por cuidar nuestra piel y yo quería darles visibilidad y unirlas a todas en un espacio donde sólo existiera la cosmética más “pura”.

Así nació Waiwaiā, como una tienda online donde unir la cosmética más bonita para la gente más bonita. Un espacio donde divulgar la belleza más natural y sana.

Galicia nos adoptó a mi perrita Kena y a mi, actualmente vivimos en un pueblecito a los pies de Cabo Ortegal, el segundo punto más septentrional de la geografía española, con un nombre muy bonito: Cariño. Y no puede haber sitio mejor para llevar a cabo este sueño… ¿Nos acompañas en nuestro viaje?

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